El Smithsonian Institute, es una importante organización cultural norteamericana. Gestiona 19 museos, 9 centros de investigación y más de 130 millones de objetos…Sus museos en el centro de Washintong (National Air and Space Museum, American History Museum, etc.) son especialmente famosos en el mundo entero.
Y es que de la mano de Michael Edson, esta organización ha puesto en marcha lo que ellos llaman el Smithsonian Commons, una nueva estrategia de presencia en Internet que persigue, por un lado, ganar relevancia en el mundo digital y, por otro lado, promover el aprendizaje y la generación de conocimiento de una forma más eficaz. ¿Cómo lo van a hacer? Muy sencillo, van a crear un “commons“ (procomún en castellano). Es decir, podrán todos sus recursos (fotos, vídeos, textos, etc.) a disposición de los visitantes para que éstos puedan distribuirlos y, lo que es más importante, reutilizarlos libremente en sus propias creaciones a través de un licencia creative commons (¿has probado a utilizar una foto del prado por ejemplo? ¿has visto el pedazo de copyright que lleva?). De esta forma consiguen atraer a un mayor cantidad de personas que ya no solo ven al museo como un lugar para visitar, sino como un entorno donde encuentran herramientas y contenidos para su creatividad.
Pero, desde una perspectiva más tradicional, ¿esto recursos de alto valor no se podrían monetarizar? Pues la reflexión de esta institución es que esta estrategia sería poco eficaz…lo dicen en varios sitios: en Internet no es sostenible cobrar por el contenido…
We are going to make much more money with free and a large audience than by charging for transactions with a small audience[...] gradually we have to reduce our dependence from access and fees by aggregating visitors under a strong brand and offering sponsorships and other value services
(Smithsonian Commons es aún un prototipo pero se puede percibir la “pinta” que va a tener en videos como el siguiente)
Me interesa mucho el tema del libro electrónico, se unen en él lo digital, que me ocupa profesionalmente desde hace unos años, y el tema de la lectura que ocupa gran parte de mi tiempo libre. Así que suelo observar con mucho interés todo lo que llega a mis manos sobre este tema. Entre lo último que he leído está el informe elaborado por el Grupo de Trabajo sobre el Libro Electrónico. En él, tratan de dar voz a los principales agentes de la cadena de valor del sector del libro para identificar oportunidades y amenazas ante la digitalización del libro.
Desde el primer momento se identifica el problema “El problema es que la protección que ofrece nuestro ordenamiento jurídico es débil y esto dificulta el establecimiento de modelos de negocio de oferta legal en Internet“. Es decir, no se castiga con eficacia a quien distribuye copias ilegales por Internet. Además de la persecución, la otra opción sería identificar un modelo de negocio que permitiría distribuir gratuitamente o, a un precio mínimo, los libros digitales. Pero esta opción no tiene aún un modelo de negocio (modelo de ingresos diría yo) lo suficientemente eficaz como para convencer a los editores. En todo el estudio es constante la apelación a la necesidad de buscar este nuevo modelo de negocio que permita la distribución libre y legal de contenidos por la web pero, al mismo tiempo, en todo momento el texto destila pesimismo sobre esta posibilidad.
A pesar de todo esta incertidumbre los editores apuestan por la digitalización. Así el estudio ofrece cifras interesante como que el 80% de ellos tiene ya para el 2011 un proyecto de digitalización o que para ese mismo año tendrán el 32% de sus contenidos digitalizados y comercializándose. Además, la mayoría de los editores apuntan a un precio para el formato digital un 30% menor que el del libro físico.
Otros agentes también tienen voz y también están especialmente preocupados por los temas de la piratería y la falta de un modelo de negocio para la libre distribución de contenidos. No obstante cada cual busca su lugar en este nuevo mundo que se avecina. Así, lo libreros consideran que su papel de selección y recomendación de libros seguirá siendo necesario, aunque asumen que las habilidades requeridas para el oficio cambiarán bastante. Los distribuidores, que ya no tienen cosas físicas que mover, se ofrecen para ser “la plataforma independiente necesaria de distribución, así como el repositorio digital“. Los escritores mientras tanto, también están preocupados por lo nuevos modelos de contrato de cesión de derechos que deberán cambiar sustancialmente.
En general, me ha llamado la atención también una idea que se repite más de una vez en el texto “[los agente del sector] no creen que en la industria del libro se alcancen cotas de piratería similares a las producidas en la industria musical” parece que los lectores somos mejores personas que los oyentes de música en general ¿no? No se, esto me parece agarrarse a un clavo ardiendo la verdad. Además, si hay que elegir entre pagar un 30% menos pero ser legal o conseguirlo gratuitamente siendo ilegal sin consecuencias para uno mismo…muchos no se lo van a pensar me temo. Tampoco creo que la experiencia de lectura sea tan insatisfactoria en este nuevo medio como para renunciar a las ventajas añadidas que tiene.
En fin, echo de menos en el texto la mención y el análisis a nuevas alternativas editoriales, de distribución y de creación literaria que seguro que ya están en marcha. La noticia esta semana de la creación de un Spotify de los libros (24symbols) por ejemplo, es un indicador de que más allá de las tradicionales empresas del sector hay vida que puede traer aire fresco y enriquecedor a este mundo. O mucho cambian las cosas o me parece a mi que en la medida que bajen los precios de los e-readers, veremos un tráfico ilegal de libros que será la pesadilla de muchos.
Si quieres venir al evento, que será de 18:00 a 19:00 horas, mándanos un correo a mik@mik.es para que podamos habilitar un espacio acorde al número de asistentes.
En la presentación repasaremos por tanto las 20 organizaciones que hemos analizado y mostraremos una característica particularmente relevante de cada una de ellas. Siempre mirando al modelo de negocio y a aspectos ligados a la competitividad.
Cuando decimos estas cosas la gente mira con cara rara, como si quisiera ver en tus ojos a un Fidel Castro de pacotilla. Por eso que pensadores del Managament tan reconocidos como Gary Hamel comparta tu opinión es todo un alivio. Hamel, que no es sospechoso de comunismo, ha escrito recientemente en su blog que necesitamos un nuevo capitalismo, uno en el que el futuro siga siendo un lugar habitable…
Para ello señala la necesidad de echar abajo una serie de principios tóxicos sobre qué son los negocios, a qué intereses sirven y cómo se crea valor. Más concretamente los viejos principios a superar serían:
El paradigma por el que el objetivo de un negocio es hacer dinero (en lugar de mejorar el bienestar humano de manera económicamente eficiente).
Los líderes empresariales sólo pueden ser considerados responsables de los efectos inmediatos de sus acciones (y no por las consecuencias de segundo y tercer orden en su búsqueda decidida de crecimiento y rentabilidad).
Los ejecutivos deben ser evaluados y compensados sobre la base de las ganancias a corto plazo (y no sobre la base de la creación de valor financiero y social a largo plazo).
La forma de establecer credenciales sociales de una empresa es a través de declaraciones de misiones altruistas pero huecas, de productos verdes solo por fuera y de un abultado presupuesto de RSE (en lugar de a través de un compromiso inquebrantable y de sacrificio para hacer lo correcto).
La principal justificación para “hacer el bien” es que ayuda a hacerlo bien desde el punto de vista de resultados económicos para la empresa (la consecuencia: una empresa debe hacer el bien cuando hay un lado financiero positivo y algo menos, o nada, cuando no lo hay).
Los clientes se preocupan mucho más sobre la relación calidad-precio que de los valores implicados en la elaboración y venta del producto.
Los clientes de una empresa son las personas que compran sus servicios (en lugar de todos aquellos cuyas vidas se ven afectadas por sus acciones).
Es legítimo que una empresa para ganar dinero pueda explotar la ignorancia de su cliente, exagerando los beneficios del producto o limitando sus opciones como ciudadano.
El poder de mercado y la influencia política son formas aceptables de lucha contra una tecnología punta o un competidor no convencionales.
Los negocios son acerca de la ventaja, el enfoque, la diferenciación, la superioridad y la excelencia (y no sobre el amor, la alegría, el humor, la belleza y la justicia)
Casi nada al aparato, amigo Hamel
En fin, para este influyente pensador económico aquellos líderes que sólo entienden sus negocios como un hecho económico y no social, tarde o temprano, serán dejados en fuera de juego por la sociedad del siglo XXI. ¡Amen!
Veo difícil convencer a muchos sobre estas ideas pero algunas pinceladas de todo ello ya se ven en la realidad, lo cual ayuda bastante también. Así, tenemos el ejemplo de la empresa energética nórdica Vattenfall. Esta compañía anima y premia el ahorro de energía, y consecuentemente la disminución en el consumo de su producto, a través de una campaña donde juegan un papel muy importante conceptos como diversión y social. Ahí va un vídeo sobre esta campaña.